Me gusta la altura y me gusta mirar las ciudades desde la altura. Cuando planifico mis viajes, siempre organizo la visita a los miradores como algo primordial. Intento ordenar el recorrido para tener vistas de día y de noche. Luces y sombras modifican el paisaje y lo que percibimos de él.

Londres es una ciudad increíble, vibrante, por momentos vertiginosa. Pero desde el cielo todo cambia…

Inicio mi día muy temprano. Desde mi hotel ubicado en Bloomsbury tomo el metro para acercarme a La City. Es el barrio más antiguo de la ciudad, edificios tradicionales y los más modernos en perfecta armonía. A primera hora, esta zona se presenta desierta y es el momento ideal para sacar las mejores fotos.

Una caminata corta me acerca a la Catedral de San Pablo. La explanada me permite admirarla, pero la vista no alcanza para apreciarla completamente. Entonces cruzo la calle para tomar verdadera dimensión de su tamaño. El sol asomándose resalta los remates dorados. La fachada es de un barroco exquisito, las columnas corintias dan marco al frontón completamente esculpido, las 2 torres están sobriamente decoradas y la cúpula tímidamente aparece desde este ángulo. Es un conjunto bellísimo, solemne, muy digno de la capital británica.

El interior es magnífico. Blancos, dorados, esculturas y pinturas en perfecta sinfonía. El coro se destaca por su gran tamaño, su color oscuro y sus tallados. Pero todo queda apocado cuando levantamos la vista.  La cúpula es la gran estrella, con una altura de 110 metros, 30 metros de diámetro, bellamente decorada con pinturas que representan la vida del apóstol San Pablo.

Este será mi primer mirador del día. La cúpula cuenta con tres zonas diferenciadas y la única forma de llegar a lo más alto es por escaleras, más de 500 peldaños. Comienzo el ascenso.

La primera parada es la Galería de los Suspiros, desde allí puede observarse el interior de la catedral. Debe su nombre a la excelente acústica del lugar.

Subiendo unos escalones más, se llega a la Galería de Piedra. Sólidas barandas de granito nos separan del Río Támesis que se ve a lo lejos. El aire se siente fresco y reconfortante después del esfuerzo. La City se ve diferente, descubrimos los techos antiguos y algunas torres.

Todavía queda un tramo exigente para llegar a la Galería Dorada. Este último mirador se ubica en la linterna de la torre, es el punto más alto del edificio. La escalera es estrecha y empinada, pero sin dudas, vale la pena el sacrificio. Más de 500 escalones y por fin salgo a la pequeña terraza para descubrir la ciudad de Mary Poppins. La torre del reloj de la Catedral en primer plano y el London Eye a lo lejos. Hacia el frente el Puente del Milenio y los rascacielos del centro financiero a la izquierda. La vista es increíble, el sonido del viento es suave y la sensación de tocar el cielo es muy fuerte.

Un café y un cupcake ayudan a renovar fuerzas. Camino por La City hacia mi próxima visita. El paisaje cambió, es hora pico. Las calles super concurridas y los pubs muestran sus mejores mercancías: cervezas y fish and chips. Después de unos minutos llego a Sky Garden, uno de los miradores más pintorescos de la ciudad.   

El edificio donde se encuentra el Sky Garden tiene 160 metros de altura. Se accede por ascensor. En el piso 35 me espera un gran jardín botánico, enormes ventanales con vistas 360 grados, un bar y un restaurant.  Recorrer este lugar es mágico, paredes y techo de vidrio como un gran invernadero futurista, plantas y árboles perfectamente dispuestos en varios niveles simulando un jardín tropical y en todas direcciones, Londres a nuestros pies. La terraza exterior es la “frutilla del postre”. Desde arriba, muy arriba, los monumentos emblemáticos parecen formar parte de una ciudad de Lego: la Torre de Londres, el Puente de la Torre, el Támesis, el barco Belfast, la Catedral y The Shard. La altura nos regala postales increíbles!!!! Sin dudas, es un MUST en tu próximo viaje!!!!

Vuelvo a tierra firme. La visita del próximo mirador será al anochecer. Mientras espero la hora indicada, vagabundeo por la ribera del Támesis. El paseo por la margen norte me lleva hasta la Torre de Londres. Emblema de la ciudad desde los tiempos más antiguos, soberbia, robusta, misteriosa, por momentos terrorífica y con una historia apasionante.

Cruzar el Puente de la Torre es uno de los mayores atractivos de la capital. Es un ícono que vale la pena conquistar. La imagen del río, los barcos paseando y esas 2 enormes torres es algo que jamás olvidaré.

La margen opuesta se presenta más moderna, el City Hall y su arquitectura futurista llama la atención. Camino feliz hacia el próximo atractivo. El recorrido me lleva hasta el corazón del Londres literario y actoral, el Globe es el teatro que usó Shakespeare para representar sus obras. Hoy vemos una reconstrucción del edificio original que fue demolido a mediados del 1600.

El sol va cayendo y estoy en hora para ingresar a mi última parada: el Tate Modern, uno de los museos de arte moderno más importantes del mundo. Ubicado en la margen sur del Támesis, frente al puente del Milenio y la Catedral de San Pablo, es una construcción llamativa. Era originalmente una central eléctrica. Todo es asombroso en este sitio, el hall de ingreso y su inmensidad, la iluminación de sus salas, las obras de arte, la fusión entre lo antiguo y lo moderno y el público que lo visita. Pero sin dudas, lo que más me fascinó es su mirador. Localizado en el piso 10, este bar con terraza ofrece una vista preciosa de la ciudad. Si sumamos la caída del sol y las luces de los edificios, el skyline no puede ser más perfecto. Así termino mi día, una cerveza y Londres desde el cielo.

Maria Porcel
Responsable Sucursal - TTS Pergamino

mporcel@ttsviajes.com

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