Otoño. Amanece en Patagonia. Nuestro destino de hoy es El Chaltén.

 

Partimos desde El Calafate por la ruta 11 hacia el este bordeando la margen sur del cuerpo principal del Lago Argentino. El Perito Francisco Pascasio Moreno lo bautizó con este nombre en 1877. “Mar interno, hijo del manto patrio, que cubre la cordillera en la inmensa soledad…” Pero todavía el sol no te hace justicia, el cielo nublado nos muestra un color grisáceo.

Después de recorrer 30km nos desviamos hacia el norte por la mítica ruta nacional 40. El recuerdo de ese camino inhóspito, de ripio, interminable, vuelve a mi mente. Hoy el asfalto nos cobija y el trayecto se hace más confortable. La cabecera del lago nos acompaña sobre la izquierda y al frente Charles Fuhr, el puente que permite cruzar el Río Santa Cruz. La vista del curso de agua es impactante. El sol se refleja en sus aguas y el turquesa lechoso nos sorprende como siempre. La erosión glaciaria se expresa con todo su poder. Las moles de hielo bajan por el valle de la montaña limando la superficie. Esas partículas caen al agua del Lago Argentino. Y su camino natural es el Río Santa Cruz, cuyo profundo cañadón concentra toda la potencia de la leche glaciar y nos regala ese color único.   

Avanzamos por la ruta 40, dejamos atrás la vista del lago y ahora solo queda la estepa patagónica y el viento. El paisaje nos muestra la foto más característica de la región: relieves amesetados, flora achaparrada, caranchos al lado del camino y si tenemos suerte veremos algún guanaco o choique. Aridez, soledad y rusticidad son adjetivos que representan esta vasta zona del sur argentino.

A mitad de camino entre El Calafate y El Chalten nos espera un café caliente y un sándwich de pan casero. El Parador La Leona es el alto obligado. Una construcción antigua, de techos rojos con su nombre pintado en blanco para poder localizarlo en época de grandes nevadas.  Protegida por algunos álamos y el río homónimo. Cuenta la historia que el Perito Moreno en una de sus travesías fue atacado por un puma hembra, felino que recorre los campos. Saliendo vivo de esa pelea bautiza el río como La Leona.

Unos kilómetros más adelante comenzamos a ver sobre la izquierda el Lago Viedma. Enorme y soberbio muestra lo que fue el último gran avance glaciar de hace 10.000 años. En ese tiempo las enormes lenguas de hielo alcanzaron una altura de 1000mt y como grandes arados fueron modelando el paisaje. De ese momento quedaron los 200 glaciares del Parque Nacional, lagos super profundos, valles en forma de U y un relieve erosionado.

La ruta 40 queda atrás, giramos a la izquierda para tomar la ruta provincial 23. Nos rodean coirones y matas bajas, son kilómetros y kilómetros de estepa, sentimos el clima árido y viento, solo viento. La mata negra está florecida, se anticipa un invierno frío según cuentan los lugareños. Y en este momento entendemos por qué la Patagonia es la región más deshabitada del país. Cruzamos el Río las Vueltas, serpenteante, nos saca de la monotonía del paisaje.  El pórtico del Parque Nacional nos recibe, falta poco para alcanzar nuestro destino.

En este recorrido hacia el oeste hacemos otra parada, al lado del camino un mirador nos muestra un paisaje deslumbrante: lago Viedma, un glaciar gigante que llega al agua (homónimo al lago) y la cordillera de los Andes con sus picos más esbeltos. Bloques graníticos de más de 2500mt nos dejan sin palabras. Se destacan el cerro Torre de 3100mt y el cerro Fitz Roy o Chaltén de 3400mt. Este último da nombre al pueblo, en lengua tehuelche significa “montaña que humea”, los aborígenes pensaban que era un volcán pues siempre lo veían rodeado de nubes (humo para ellos). La flora cambia, aparecen los primeros ñires, arbustos de calafate y notros. Las montañas comienzan a rodearnos y de a poco ingresamos a un valle y al pueblo de El Chaltén.

Es la capital nacional del trekking, todo está preparado para el senderismo y el disfrute de la naturaleza. Hay infinidad de opciones, pero las caminatas más clásicas llegan a Laguna Torre y a Laguna Capri. Los caminos tienen la huella de miles de viajeros de todos los continentes. El ingreso al bosque en otoño nos transporta a un mundo mágico, casi surrealista, con un suelo verde oscuro, los ñires y lengas teñidos de rojo fuego, las barbas de viejo de gris ceniza y los farolitos chinos resaltan con su color verde limón. A medida que subimos se respira un aire más puro y el cielo se ve más azul. Y el premio mayor es la foto de la laguna con el cerro reflejado en sus aguas. La vida se siente perfecta, nada puede superar este momento.

Otro atractivo imperdible es el Lago del Desierto. Ubicado a unos 30km al noroeste, se llega por un camino super pintoresco. Acompañados por el Río Las Vueltas vamos descubriendo las diferentes caras del cerro Chaltén. Cada mirada es una postal, montañas escarpadas que muestran sus luces y sombras, pequeños valles, bosques rojizos de lengas y verdes de guindos y el río que por momentos suena furioso y en otros muy calmo. Al final del camino, el lago. El puente colgante nos divierte, una embarcación amarrada nos recuerda que en verano se puede navegar y ese azul profundo infinito que nos conmueve.

Dejo para el final mi lugar favorito: laguna y glaciar Huemul. A unos minutos de caminata de la punta del lago, comienza el sendero que nos lleva a este lugar de ensueño. El trekking es sencillo, son 40 minutos de ascenso por un bosque virgen. La recompensa es impagable, cerros, nieves eternas, bosque, el glaciar colgante, un pequeño hilo de agua de deshielo y la laguna verde esmeralda. Imposible resistirse, los pies al agua, está helada, pero vale la pena!!!!!

Tips:

  • Chaltén se ubica a 220km al norte de El Calafate. Se puede llegar en bus regular, servicio privado o auto alquilado. Todo el camino está asfaltado.
  • Hay gran variedad alojamientos, hostels, hosterías, cabañas, hoteles boutiques y domos. Recomiendo al menos 2 noches en el destino para poder realizar un trekking de día completo y visitar Lago del Desierto.
  • Mejor época para visitar: otoño, el viento merma y los colores del bosque son increíbles.
  • Indumentaria: calzado de trekking, ropa impermeable en capas (tipo cebolla), crema para protegerse del sol, lentes de sol, mochila y una cantimplora.
  • Dinero: no hay cajeros automáticos, llevar suficiente efectivo.

 

Maria Porcel
Responsable Sucursal - TTS Pergamino

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