Salimos de Salta ciudad hacia la Quebrada de Humahuaca por la ruta 9, en un camino lleno de curvas y contra curvas con paisajes increíbles de montañas de colores y tierras salpicadas por unos altísimos cactus.


 


 

La Quebrada de Humahuaca transcurre por la ruta entre los pueblos de Volcán hasta Tres Cruces. Para visitarla, lo mejor es hacer base en Tilcara y moverse desde ahí, ya que es un pueblo colonial con mucha movida cultural, que cuenta con la mayor cantidad de alojamientos de toda la Quebrada, bares, restaurantes y tiendas. Sus calles están llenas de murales con dibujos norteños. El mercado principal vende productos andinos, con puestos de artesanías bien coloridas de lana y alpaca. Tiene varios museos, entre los cuales destaco el de Bellas artes y el Arqueológico. Es un pueblito ideal para recorrer pie. Nosotros nos alojamos en Las Marías con imponentes vistas a la quebrada, donde es imposible no sentirse inmerso en la belleza del paisaje. A la noche comimos en el restaurant El nuevo progreso, que ofrece cocina de autor con un toque regional, como por ejemplo el lomo de llama con papas andinas.

 

Al día siguiente de llegar visitamos el Pucara de Tilcara, donde se pueden ver los restos de una fortificación prehispánica construida en un cruce estratégico para defender la Quebrada de Humahuaca. Es muy interesante escuchar a los guías que cuentan cómo era la vida pre incaica del Pucara y cómo resguardaban los cultivos en sus terrazas, albergaba viviendas, corrales y santuarios. 


Desde ahí fuimos a la garganta del diablo, descendimos hasta el borde del Río Huasamayo y caminamos unos 20 minutos aproximadamente hasta llegar a la cascada natural formada por un gran cañón en la montaña. Super recomendable!

Para la hora del té fuimos directo a La Casa de Champa, donde degustamos gran variedad de tortas, dulces caseros, waffles y unos blends de tés espectaculares. 

Caminamos un rato por el pueblo, ya atardeciendo, con los colores del cielo reflejados en las montañas dándoles distintas tonalidades a medida que el sol se iba poniendo. 

 

El tercer día de viaje nos despertamos y después de comprar hojas de coca para ir mascando por el trayecto, partimos hasta Salinas Grandes. La distancia en kilómetros son 90, pero se tarda dos horas aproximadamente. Tomamos la ruta a Pumamarca y de ahí hacia Susques. En este punto la ruta sube por la montaña y mucho, hasta más de 4300 metros de altura, con muchas curvas, subidas y bajadas. De golpe el horizonte se amplía al llegar…

A Salinas Grandes no se puede entrar con el auto sin guía que indique por dónde andar. En medio de esta gran extensión blanquísima se abren unos agujeros de aguas turquesa impresionantes. El fondo del salar es un lago, con una capa de salitre de distinto espesor, hay zonas donde la capa es más gruesa, y otras tan fina que se puede romper y hundir, por esto hay q tener cuidado donde pisar. 

 


¡Por primera vez en nuestras vidas caminábamos sobre una extensión inmensa de sal donde el cielo azul contrasta con los km y km de blanquísima sal! No faltaron las fotos divertidas, y la explicación de los obreros del salar sobre su extracción y sus piletones. 

 

Ya de vuelta en el camino, nos maravillamos con la vista puesta en el laberíntico camino de la Cuesta del Lipán que logra incorporarse tan perfectamente al paisaje. Llegamos a Purmamarca y fuimos directo a almorzar al restaurant Los Morteros donde comimos un riquísimo risotto de quinoa y hongos. Este pueblo de la quebrada es reconocido principalmente por el Cerro de los siete colores y por sus artesanías, su cálida gente, sus paisajes y pintorescas casas de adobe. Es ideal recorrerlo a pie, dejándose perder en sus callecitas contemplando los impresionantes paisajes de fondo. El mercado artesanal y sus puestos de la plaza principal ofrecen coloridas artesanías, tejidos, aguayos, todo a la vista, atendido por los propios artesanos. 

El mejor lugar para observar el Cerro de los siete colores es desde la cima del Cerro El Porito, desde donde se pueden ver las tonalidades de colores de su ladera, como un arco iris impreso en las montañas que reflejan la luz del sol. El paseo de los colorados es otro imperdible del lugar, que comienza en la base del Cerro Porito y se trata de un circuito de 3 km que pasa por detrás del pueblo, recorriendo los cerros que rodean a Purmamarca. ¡Los paisajes que pueden verse son espectaculares, montañas con tonos rojizos y marrones que cambian al compás del sol, y no dejan de cautivarnos! 

 

Al día siguiente partimos rumbo a Humahuaca, que se encuentra a 45 km al norte de Tilcara, y se trata del poblado más grande de la zona. Las calles del centro están repletas de restaurantes con delicias locales y tiendas. En la plaza principal, frente a la iglesia, se encuentra el Monumento a los Héroes de la Independencia, un icono de la región. También visitamos la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria frente a la plaza y el antiguo Cabildo con su torre del reloj, de la cual todos los mediodías salen una imagen de San Francisco Solano para dar las bendiciones a todos los presentes. 

Las callecitas de piedra de su casco histórico y las antiguas casas bajas, típicas del norte, invitan a dar un paseo a pie para descubrir la ciudad que impacta por la gran cantidad de murales. Almorzamos en los Patios de Lucia, donde sirven una cazuela de cordero con papas andinas que se las recomiendo. 

A 25 kilómetros, por un camino de ripio se llega a las Serranías del Hornocal o “Cerro de los 14 colores” famoso por sus impresionantes contrastes. Para llegar a aquí en auto, se debe tomar la Ruta 73 en dirección este. En el punto final del camino a más de 4.300 m.s.n.m hay un mirador desde donde se obtienen unas vistas de esta paleta espectacular de colores.

Hay un sendero a pie para ver más de cerca la sierra y el mejor momento del día para visitarlo, es al atardecer, ¡¡¡cuando se toman unas fotos increíbles!!!

 

Para el quinto día nos despedimos de este lugar maravilloso rumbo a Iruya, el último punto de nuestro viaje. Si bien se encuentra en la provincia de Salta, sólo se accede desde una única ruta por la provincia Jujuy. Pasando Humahuaca 25 km por la ruta 9 se debe tomar un desvío de 76 km, de camino de ripio, la ruta sube hasta el Abra del Cóndor a 4000 m.s.n.m para luego bajar hasta Iruya a 2.780 msnm. 

La imagen icónica de Iruya se ve llegando desde la ruta, con la iglesia de color amarillo y su cúpula celeste sobresaliendo contra la piedra de la montaña. Parece estar literalmente colgando de la ladera y que el tiempo se haya detenido en sus callecitas angostas y sus casitas de adobe. Almorzamos en El comedor los Cachis donde sirven un wok de carne de llama con verduras y quinoa muy rico. Es aconsejable pasar la noche acá, ya que es muy largo el camino para venir por el día. Nosotros dormimos en la Hostería Iruya. Al otro día teníamos pensado salir bien temprano a hacer un trekking a San Isidro, pero no hicimos a tiempo. ¡Tenemos la excusa perfecta para tener que volver a este lugar mágico! 

 

Les recomiendo viajar la primera semana de agosto donde cada año se festeja la

Fiesta Nacional de la Pachamama, aunque en realidad las celebraciones y homenajes a la “Madre Tierra” se extienden durante todo el mes. Debido a la temporada de lluvias durante el verano, estos meses son también los mas recomendables con respecto al clima.

 

Victoria Orella
Mail vorella@ttsviajes.com
Tel 2150 7337 int 7315
Instagram @tripconnectionbyol

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